13/5/18

Amor incondicional


Mi hijo es mi motor, por él me levanto por las mañanas con vitalidad para afrontar un nuevo día, es mi inspiración y el sentido de mi vida, ese impulso que necesito para seguir a pesar de todo.

Gracias a la maternidad he conocido un amor incondicional que no languidece con el paso del tiempo, al contrario, es un amor que crece, no conoce límites y me ayuda a superar cualquier obstáculo sobre todo cuando se trata de cuidar de su bienestar.

Un amor que me ha cambiado y aportado beneficios a nivel personal, un amor incondicional que enriquece mi mundo.

Ahora entiendo que biológicamente estoy preparada para asegurar su supervivencia y el bienestar, que es un instinto irracional el que me impulsa a hacerlo.

Soy más fuerte porque tengo la responsabilidad de cuidar de la vida de otro ser humano que me ha regalado una nueva esperanza y que ha hecho renacer en mí la alegría.

Todo mi esfuerzo ha cobrado un sentido mucho más grato y mi vida imperfecta es más amena.

La perfección no existe pero la maternidad es algo tan bonito que nos facilita las cosas y nos vuelve más justas, pacientes, honestas y amables con nosotras mismas.

Cuento con una nueva base realista y saludable sobre la cual dejo trabajar a la inspiración que me aporta y que me hace invencible.

Es mi inspiración porque él provoca en mí un sentimiento especial que de manera espontánea miles de ideas para resolver cualquier problema y superar cualquier dificultad.

Ese amor transforma porque tiene que ver con querer a alguien más que a una misma.

Porque cada hijo enciende en su madre un fuego infinito que se alimenta todos los días de abrazos, de besos, de lágrimas, de dolores, de dientes de leche, de cartas, de dibujos en la nevera y hasta de noches en vela ( Isabel Allende ).



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